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Artículos sobre traducción e interpretación


Autor: Janet Raloff
[2009-04-18]

Hagamos hincapié en la comunicación




Este es un tema incómodo para mí, porque no es políticamente correcto, pero seguir haciendo la vista gorda tampoco me parece muy edificante, así que... allá vamos:

Quiero hablar de los acentos extranjeros en inglés. Y no me refiero al acento culto de Oxford típico de la BBC. O de aquellos que, no sin cierto encanto, delatan un origen francés o italiano. No. Me refiero a aquellos acentos tan exagerados que un angloparlante nativo sólo podría llegar a entender, si acaso, una de cada cuatro palabras.

En el congreso internacional en que hoy me encuentro he oído muchos acentos extranjeros. Aunque he podido seguir gran parte de la mayoría de las presentaciones, ha habido otras, sin embargo, de las cuales no he comprendido nada, por mucho que me haya esforzado (incluso, en una ocasión, estando en primera fila).

Los oradores de los que hablo son inteligentes. Han trabajado duramente. Y ahora se esfuerzan en dar a conocer al resto del mundo el resultado de su investigación. El problema es que su sintaxis impide que el público entienda, más allá de lo que pueda leer en el PowerPoint.

En la mayoría de los casos estos investigadores extranjeros -o no nativos- tienen un sorprendente dominio del inglés. Puede que a veces se olviden de los artículos o tengan dificultades con la concordancia entre sujeto y verbo. Aunque por escrito, eso sí, se comunican de maravilla.

No estaría mal que leyeran sus presentaciones (algunos ya lo hacen), siempre y cuando facilitaran copias al público para que se les pudiera seguir mejor. Pero no alcanzo a comprender cómo puede beneficiarse su reputación, por no hablar de la ciencia, de que masacren el inglés hablando desde un atril.

Hoy he visto cómo a un joven microbiólogo , antes de subirse al estrado, su asesor norteamericano (y último coautor mencionado en su estudio) le ha dado una breve charla de motivación y le ha pedido que hable despacio. De nada ha servido: no he entendido más que una de cada 12 a 17 palabras. No exagero: al final me he puesto a contarlas. Leyendo la presentación en la pantalla lograba descifrar de vez en cuando lo que salía por su boca, pero no era fácil.

Aunque eso a mucha gente no parecía importarle. Mi vecino de asiento empezó a hacer garabatos al poco de empezar la presentación. Dos doctorandos de la fila de delante empezaron a escribir SMS y no pararon hasta que el pobre orador hubo terminado. Al finalizar, un reconocido científico le hizo una pregunta, pero porque le había llamado la atención. algo que había visto en anteriores diagramas del PowerPoint.

Me doy cuenta de que el asesor del orador quería que el joven científico adquiriese algo de experiencia presentando y defendiendo sus datos. Pero estoy convencida de que eso a veces se logra mucho mejor haciendo uso de intérpretes -- como lo es uno de los coautores del presente artículo.

 

Traducción: Fernando González

Artículo reproducido en español por AIB con permiso de Science News.